IBRI Informe Investigación No. 1 (1981, 1988)
Interdisciplinary Biblical Research Institute (IBRI)
 


 

¿SON DIGNOS DE CONFIANZA
LOS RELATOS DE LA SEMANA DE PASCUA?
IBRI Informe Investigación No. 1 (1981, 1988)

Robert C. Newman
Biblical Theological Seminary
Hatfield, Pennsylvania

Este reporte es la traducción al español del artículo:
Are the Biblical Narratives of Easter Week Reliable? por Priscilla Lara, redactora
copyright 2016 por Interdisciplinary Biblical Research Institute
English copyright, IBRI, 1981, 1988

RESUME:
Los sucesos de la Semana de la Pascua, son fundamentales al mensaje del Nuevo Testamento, particularmente la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. La confiabilidad de las narraciones de los evangelios está basada en evidencia excelente, y esto incluye los eventos que rodearon la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Existe evidencia tan sólida para la confiabilidad de estos relatos asi como para cualquier otro relato histórico que proviene del mundo antiguo.

NOTA DEL EDITOR:
Aunque el autor concuerda con la doctrina del Instituto de Investigación Bíblica Interdisciplinaria (IBRI por sus siglas en Inglés), no todos los puntos de vista expuestos en este informe representan la posición oficial del IBRI.  Como uno de los propósitos de esta serie es el de servir de foro antes de su publicación, es posible que el autor haya revisado algunos aspectos de este trabajo después de haberlo escrito por primera vez.



TABLA DE MATERIAS

Introducción

Argumentos contra lo Milagroso
La Naturaleza de los Materiales del Nuevo Testamento
El Texto
Autoría
Los Eventos de la Semana de Pascua y su Corroboración
Confirmación por Pablo
Confirmación por fuentes paganas
Confirmación por fuentes judías
Discusión de las Confirmaciones
Conclusiones

Apéndice I: Una Comparación de Algunos Escritos Históricos Antiguos
Apéndice II: Fuentes Paganas Sobre Jesús
Apéndice III: Fuentes judías sobre Jesús

Notas de Referencia




Introducción

Los sucesos de la Semana de la Pascua, son fundamentales al mensaje del Nuevo Testamento, particularmente la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Si estos eventos no ocurrieron, entonces hay poco que decir a favor del cristianismo bíblico, independientemente de lo que se piense de las religiones modernizadas, que son etiquetadas como cristianismo por los teólogos como Schleiermacher, Tillich o Bultmann.

Consideremos la pregunta, "¿Son dignos de confianza los relatos de la Semana de Pascua?"  Yo personalmente estoy convencido que sí lo son.  De hecho, yo renuncié a una carrera en astrofísica para cursar teología porque yo creí que estos relatos eran confiables.  Mis convicciones y decisiones personales, sin embargo, no son garantía de verdad.  Muchos han renunciado a su vida por causas equivocadas.  Pero aquí no estamos interesados en la creencia como un salto al vacío en la oscuridad.  La confiabilidad de las narraciones de los evangelios está basada en evidencia excelente, y esto incluye los eventos que rodearon la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Existe evidencia tan sólida para la confiabilidad de estos relatos asi como para cualquier otro relato histórico que proviene del mundo antiguo.

Por supuesto, existen algunos círculos académicos que parecen tener dificultad en considerar confiables los relatos de los evangelios.  El problema de estos relatos, como ellos lo ven, es la presencia de milagros.  En los eventos de la semana de la Pascua, el único milagro involucrado es fundamentalmente la resurrección de Jesús. A partir del siglo dieciocho, muchas personas han casi descartado a priori cualquier narrativa que describa eventos sobrenaturales.  Puesto que los evangelios informan sobre muchos de esos milagros, es natural que aquellos que rechazan lo milagroso encuentren poco confiables los evangelios.  ¡Yo concuerdo con ellos!  Si puede decirse autoritariamente que los milagros no ocurren, entonces estos no han ocurrido y los relatos de los evangelios no son confiables.  Si los milagros son descartados, entonces la resurrección de Jesús no ocurrió.  De hecho, sería tonto llamar a las narraciones de la Semana de la Pascua  "confiables" si el único evento fundamental que ellas narran es un mito, una leyenda, una ilusión, un fraude o una mentira.

  ¿Por qué  tantas personas hoy en día rechazan la realidad de los milagros?  Ciertamente el surgimiento de la filosofía anti-cristiana entre los científicos modernos ha tenido una influencia. Isaac Newton, cuyas leyes del movimiento y la gravedad trajeron orden a una vasta colección de fenómenos que una vez parecían misteriosos, pareció a algunos que reconocer al Creador era innecesario.  Sin embargo el mismo Newton entendió estas leyes mejor que nadie de su tiempo, y no vió razón para rechazar los milagros solo porque él habia aprendido algo del sistema por el cual Dios providencialmente controla el mundo físico.  Más bien fueron los popularizadores de la ciencia de su día — los enciclopedistas franceses y los deistas ingleses — quienes extrapolaron el concepto de ley natural al extremo que Dios se volvió innecesario, o por lo menos incapaz de intervenir en su universo.

Argumentos contra lo Milagroso

  Probablemente el argumento clásico contra los milagros — juzgando por la frecuencia con la que es citado — es la del filósofo David Hume,1 publicado primero en 1748. Esencialmente, su argumento es el siguiente:

La experiencia es nuestra única guía en todas nuestras decisiones concernientes a los asuntos de hecho.  Debido a que nosotros no podemos ver las conexiones entre los eventos, todas nuestras inferencias de causa y efecto están basadas simplemente en nuestra observación que ciertos sucesos consistentemente ocurren juntos.

  Asimismo nuestra creencia en la confiabilidad del testimonio humano se deriva del acuerdo habitual entre los hechos y los informes de testigos.  Pero si alguien informa de un evento extraordinario o maravilloso, nosotros tendemos a descontar el valor de su testimonio en proporción al grado en el que el evento informado es inusual.

  Ahora un milagro, por definición, es una violación de las leyes de la naturaleza.  Sin embargo estas leyes de la naturaleza son ellas mismas establecidas por la firme e inalterable experiencia, así que lo milagroso va en contra de la misma evidencia por la cual nosotros determinamos cuestiones de hecho.  Así llegamos a la conclusión de que ningún testimonio humano es suficiente para establecer la ocurrencia de un milagro a no ser que el testimonio sea de tal naturaleza que el que sea falso sería más milagroso que el hecho que se pretende establecer.

  Para Hume, este argumento resultó en la siguiente metodología:

  Cuando alguien me dice que él vió un hombre muerto ser restaurado a la vida, yo inmediatamente considero si sería más probable que esta persona ya sea que engañe o sea engañada, o que el hecho que él relate pueda realmente haber ocurrido.  Yo peso un milagro contra el otro, y de acuerdo con la superioridad que yo descubra, yo pronuncio mi decisión y siempre rechazo el milagro mayor.

Aparentemente Hume nunca encontró un testigo o un grupo de testigos tan confiable que él juzgara la resurrección como el milagro menor.

  Hay tres problemas serios en el argumento de Hume: uno de definición, otro de epistemología, y un tercero de metodología.  Primero, la definición de Hume del milagro como una violación de la ley natural es al menos cuestionable.  En el Cristianismo ortodoxo, Judaísmo y (presumiblemente) el Islam, un milagro es una acción producida por una inteligencia espiritual (Dios, Satanás, ángel o demonio) que interviene en el mundo natural para producir un resultado el cual no podría haber ocurrido de otra manera.  En principio, entonces, un milagro no necesita violar una ley natural más que lo que hago yo (una inteligencia física) cuando intervengo en el mundo natural para levantar un lapicero, causando que se levante del escritorio — un evento que ciertamente no hubiera ocurrido sin mi intervención.  La voluntad humana entonces provee una simple analogía para una clase completa de milagros los cuales no violan la ley natural.  Si Dios u otros seres personales no-materiales existen, no hay razón obvia por la cual ellos no puedan intervenir en tal manera.

  Epistemológicamente, Hume afirma que la ley natural es establecida por la "firme e inalterable experiencia."  Claramente, algo que nosotros llamamos "ley natural" existe.  Hay muchas ventajas reales al descubrir y usar tales leyes, como atestigua nuestra moderna tecnología.  Pero al decir que estas leyes son establecidas por la " inalterable experiencia," Hume extrapola mucho más allá de lo que nuestras limitadas observaciones pueden establecer.  A lo sumo, podemos enumerar todos los eventos que hemos en efecto observado, pero no aquellos que no han sido observados o los cuales podrían ocurrir pero no lo han hecho hasta el momento.  Nuestras leyes naturales no están basadas en una inducción completa de lo que ha ocurrido, sino solo sobre un subconjunto de observaciones las cuales son bastante limitadas tanto en espacio como en el tiempo.  Dentro del subconjunto de eventos conocidos a la humanidad hay muchos informes de sucesos milagrosos.  Así que aún si nosotros definimos milagros como una violación de la ley natural, nosotros solo sabemos que la ley natural se establece por la "firme" experiencia si de hecho todos estos informes de milagros son en verdad falsos.  Esto nosotros no lo sabemos, puesto que nadie ha investigado cada uno de estos informes ni ha descubierto que sean falsos.  Hume entonces evita la pregunta al importar su conclusión en sus argumentos.

  De hecho, el argumento de Hume es en realidad una metodología disfrazada.  Al analizar informes de eventos, Hume nos dice que adoptemos cualquier otra explicación en lugar de lo milagroso.  ¡Pero espere un momento!  Hágame el favor, si es tan amable, de suspender su incredulidad en los milagros por unos cuantos segundos.  Considere las consecuencias del  procedimiento de Hume si los milagros de hecho ocurren.  Usando la metodología de Hume, nosotros nunca admitiríamos la realidad de un milagro aún si este ha ocurrido.  Nosotros siempre vamos a asumir que es más probable que el testimonio de cualquier cantidad de testigos, de hecho nuestros propios sentidos, sea falso, puesto que los testigos pueden mentir y nuestros sentidos pueden ser engañados.  El procedimiento de Hume entonces será descartar un milagro aún cuando de hecho ocurra.  Por lo tanto Hume no tiene ni un argumento contra, ni incluso una auténtica prueba, para la ocurrencia de lo genuinamente milagroso.

  Por supuesto, uno puede objetar que el  método de Hume es simplemente un caso especial de la Navaja de Occam, el principio que dice que las explicaciones de fenómenos no deberían ser complicadas más allá de lo necesario.  ¿No sería socavar la ciencia misma el desechar la Navaja de Occam? Estoy de acuerdo.  Nosotros deberíamos tener cuidado de no socavar el proceso de recolectar y organizar el conocimiento, el cual ha mostrado habilidad considerable para ayudarnos a entender la realidad.  Sin embargo debemos estar conscientes de dos problemas que afrontamos aquí.

 Primero, la Navaja de Occam sugiere que las teorías no deberían ser más complicadas que lo necesario para ajustarse a los datos.  Hume, sin embargo, está dispuesto a descartar cualquier dato que sea necesario para eliminar los milagros.  El  método de Hume por lo tanto no es en realidad una apropiada aplicación de la Navaja de Occam.

  Segundo, la Navaja de Occam es una norma procesal; nos hace empezar con teorías más simples y nos mueve a unas más complicadas conforme la teoría más simple es eliminada por los datos (hechos).  No es obvio que los universos no-milagrosos sean más simples que los milagrosos.  Pero aún si es más simple negar los milagros que aceptarlos, ¿qué garantía tenemos de que el universo es simple?  ¿Qué garantía hay de que no importa si llegamos a ciertas verdades antes de morir?  El Cristianismo afirma ser una revelación de Dios, que dice que sí importa, y que nosotros tenemos solo una vida en la cual encontrar y abrazar la verdad.  Quizás, como cualquier otra navaja, nosotros debemos tener cuidado de cómo usamos la de Occam. ¡No queremos cortar nuestras propias gargantas!

  Hay otros argumentos contra lo milagroso.  Veamos brevemente tres más.  El teólogo Rudolf Bultmann afirma que la ciencia y la historia ven el universo como un sistema cerrado de causa y efecto que no puede ser "perforado por poderes sobrenaturales."2 De hecho muchas personas piensan que el universo es así, pero ellos podrían estar equivocados.  Muchos más admiten que lo milagroso podría ocurrir, pero definen "ciencia" e "historia" como métodos que no toman en cuenta lo milagroso.  Yo creo que tales definiciones solo agregan a la confusión.  La mayoría de las personas usan la palabra "ciencia" para referirse al intento de encontrar cómo es verdaderamente el  universo, y ellos usan "historia" para el estudio de lo que realmente sucedió.  Si nosotros confundimos estos dos tipos de definiciones — explicación forzada a concordar con un axioma no-milagroso, y tratar de aprender qué es lo que verdaderamente sucede — evitamos el asunto de lo milagroso sin molestarnos en investigarlo.

  ¿Es el universo (o historia) en verdad "un sistema cerrado de causa y efecto"?  Ciertamente tenemos evidencia de la existencia de causa y efecto en el universo.  De la misma manera tenemos razones por las que creemos que el universo es un sistema, en el sentido de que las mismas leyes físicas que operan en la tierra parecen estar operando en estrellas y galaxias distantes.  Pero, ¿es este sistema cerrado en el sentido de que sepamos que no hay influencias externas?  Esta suposición no solo no ha sido demostrada, sino que dos líneas de evidencia sugieren que puede ser incluso poco probable.

  Primero, descubrimientos en este siglo concernientes al átomo, su núcleo y partículas subatómicas nos muestran que hay limitaciones físicas en nuestra habilidad para investigar fenómenos de pequeña escala.  Conforme los volúmenes más pequeños son investigados por los científicos, se necesitan mayores energías para la investigación.  Ya se ha alcanzado el punto donde estas energías mayores alteran cualquier estructura que estuviera ahí, ¡de cierto modo como alguien alteraría la estructura de una tienda de porcelana si fuera a investigarla en la oscuridad tirando bolas de beisból!  Sin embargo las cosas están ocurriendo detrás de esta barrera epistemológica la cual el universo ha colocado.  Por ejemplo, los núcleos radioactivos se descomponen al escupir electrones, neutrones, protones y partículas alfa.  Estos eventos son regulares en un sentido estadístico, sin embargo individualmente parecen ser al azar.  ¿Son realmente al azar?  ¿Se deben a alguna regularidad más profunda?  ¿Están influenciados por fuerzas espirituales?  Los científicos competentes pueden encontrarse defendiendo cada uno de estos puntos de vista.

  Segundo, al voltear al otro extremo, a la investigación científica de gran-escala, encontramos en la cosmología, también, que lo del universo cerrado es una pregunta abierta.  Existe sustancial consenso hoy que alguna forma de la cosmología del big-bang calza mejor con los datos conocidos.  Sin embargo parece no haber forma, directa o indirecta, de investigar lo que puede haber precedido al suceso de "creación" big-bang.  Muchos querrían ver este suceso simplemente como un "rebote" de un universo que colapsó previamente, pero deben postular leyes desconocidas muy especializadas para detener el colapso e iniciar la presente expansión.3  Robert Jastrow, director del Instituto Goddard para Estudios Espaciales y profesor tanto en Dartmouth como en Columbia, sugiere que aún dicha fuerza no resolvería este problema, pero que una creación real en el tiempo del big bang se ajusta mejor a los datos.4  Por consiguiente la afirmación de que el universo (o la historia) es un sistema cerrado de causa y efecto es una presuposición que en realidad puede no ser verdadera.  Si nosotros permitimos que esta suposición controle nuestra investigación, puede incluso impedirnos llegar a la respuesta correcta.

  El historiador de la iglesia Adolf Harnack ha argumentado que los milagros eran aceptados en tiempos antiguos porque las personas entonces eran científicamente ignorantes, pero hoy en día nosotros deberíamos haber aprendido a no creer tales cosas.  Harnack dice:

  En aquellos días, la concepción estricta que nosotros ahora asociamos a la palabra "milagro" era aún desconocida; solo vino con un conocimiento de las leyes de la naturaleza y su validez general.  Antes de esto, no existía una perspectiva sana de lo que era posible y lo que era imposible, lo que era regla y lo que era excepción.5

  Con el debido respeto al Prof. Harnack, ¡este argumento es increíble!  Aunque muchos antiguos pensaron que los relámpagos, meteoros y cometas eran sobrenaturales, ellos aún así tenían una buena concepción de lo que era natural y lo que era sobrenatural, al igual que la tenemos la mayoría de nosotros hoy.

  El argumento de Harnack es especialmente débil con respecto a los milagros bíblicos.  ¿Han sido los científicos capaces de mostrar cómo los milagros de Jesús descritos en los evangelios pueden ser producidos naturalmente?  ¿Encontramos a las multitudes de los evangelios boquiabiertas ante lo que son fenómenos obviamente naturales o trucos en el repertorio de magos de escenario modernos?¡No! Aún los teólogos más liberales han menospreciado los intentos absurdos de algunos de ver la caminata de Jesús sobre el agua como realmente sobre un banco de arena, su alimentación de los cinco mil como hacer que compartieran sus propios almuerzos, y su ascensión como el subir una ladera hacia las nubes!  ¡Nosotros ciertamente tenemos nuestra parte del chauvinismo del siglo 20 si imaginamos que los antiguos eran así de tontos!

  En una línea parecida, Harnack sostiene que se pensaba que los milagros eran comunes en la antigüedad, mientras que hoy nosotros sabemos que ellos no ocurren.  Él dice:

  Los evangelios vienen de un tiempo en el cual lo maravilloso puede decirse que era algo de ocurrencia casi diaria.  Las personas sentían y veían que ellos estaban rodeados por maravillas ...6

  Aquí una vez más Harnack exagera su caso.  Ciertamente es justo decir que el rechazo de lo milagroso tiene un arraigo más fuerte en nuestra sociedad que lo que fue en tiempos antiguos, aunque en el presente la tendencia parece estar lejos del naturalismo en lugar de hacia él.  Sin embargo la antigüedad tenía sus escépticos y epicúreos quienes rechazaban los relatos de milagros, y nosotros tenemos nuestros espiritistas y carismáticos quienes esperan un milagro cada día.

  La imagen bíblica de los milagros es que eran sucesos escasos pero reales, cuya frecuencia estaba bajo el control de Dios y podía variar considerablemente de edad a edad.  De acuerdo con la corriente principal del Judaísmo del primer siglo, "el apogeo" de los milagros había cesado hacía tiempo, probablemente con el cese de los profetas de Israel cerca del 400 AC.7  El Nuevo Testamento asimismo no describe los milagros de Jesús como eventos  ordinarios.  No vemos a las multitudes o a los discípulos tratando las actividades de Jesús casualmente.  En lugar de eso ellos acuden a él en tales cantidades que él debe retirarse de los centros de población para obtener algún descanso.  De hecho, el predecesor de Jesús Juan el Bautista era reconocido como un gran profeta aún cuando él no hizo milagros (Juan 10:41), lo que sería poco probable si los milagros eran considerados eventos casi diarios.  Se está creando una falsa dicotomía, entonces, al abrir una brecha entre la antigüedad y nuestro propio tiempo, para que podamos descartar a los antiguos como personas crédulas incapaces de distinguir entre lo natural y lo sobrenatural, o entre charlatanes y verdaderos hacedores de milagros.

  Otros argumentos se han planteado contra los milagros; nosotros hemos intentado tratar aquí en un espacio limitado los más importantes.  Tales argumentos en ningún caso son tan fuertes como parecen ser al principio.  Típicamente, ellos tienden a evitar la pregunta o exagerar el caso con tal de invalidar el argumento.  Siendo esto así, nosotros no deberíamos iniciar un análisis de los relatos del Nuevo Testamento con una presunción contra lo milagroso.  Pero dejando de lado tal presunción, veremos que estos relatos de hecho parecen muy fiables.

La Naturaleza de los Materiales del Nuevo Testamento

  Los relatos bíblicos de la Semana de Pascua se encuentran principalmente en los evangelios canónicos Mateo (capítulos 21-28), Marcos (capítulos 11-16), Lucas (19-24) y Juan (12-20), los cuales son nuestra fuente documental primaria sobre Jesús de Nazaret. Menciones casuales ocurren en las cartas de Pablo a diferentes iglesias primitivas — principalmente 1 Corintios — con un poco de material en Romanos, 1 y 2 Tesalonicenses, y 1 Timoteo.

  Al considerar la naturaleza de estos materiales  del Nuevo Testamento, es importante compararlos con los principales escritos históricos de la antigüedad en lugar de con historias modernas escritas en un tiempo de tecnología más sofisticada.  Si Dios escogió enviar a su hijo a una edad sin imprentas, televisión, teléfonos, aviones y computadoras, nosotros no deberíamos sorprendernos que él no escogiera que los escritores de los evangelios  usaran técnicas requeridas en la actualidad en disertaciones doctorales.

  Aquí examinaremos no solo historias del mismo periodo sino también historias griegas más tempranas.  (Un cuadro resumen se encuentra en el Apéndice I). De aproximadamente el mismo periodo que el Nuevo Testamento vienen los escritos del historiador judío Flavio Josefo. Sus principales obras son sus Antigüedades de los Judíos, que narran los acontecimientos desde la creación hasta el estallido de la rebelión judía contra Roma en el 66 DC; y su Guerra Judía, que describe la revuelta misma y dos siglos de antecedentes que conducen a ella.  Un historiador contemporáneo griego es Plutarco, autor de unas cuarenta y seis Vidas Paralelas de griegos y romanos famosos. Entre los historiadores romanos, el más importante es Tácito, cuyos Anales narran la historia de Roma de Tiberio a Nerón; y Suetonio, cuya obra Vidas de los Doce Césares incluye las carreras de los emperadores desde Julio César hasta Domiciano.

  Las principales historias griegas más tempranas son: la Historia de Herodoto, que describe el ascenso del imperio Persa y sus guerras con Grecia; la Historia de la Guerra del Peloponeso por Tucídides, que narra la épica lucha entre  Atenas y Esparta; la Anábasis de Jenofonte, que relata la retirada de diez mil mercenarios griegos cruzando Asia Menor después de que sus líderes fueron asesinados en lo profundo del territorio de Persa; y la Historia de Polibio, que describe el ascenso de Roma desde la Segunda Guerra Púnica hasta la conquista de Grecia.8

El Texto

  La primera pregunta que necesitamos considerar es la fiabilidad del texto de los relatos bíblicos.  En contraste a nuestra moderna tecnología de publicación, por la cual un autor puede revisar su trabajo en pruebas de página  y luego tener miles de copias idénticas impresas en una rotativa, el autor antiguo se enfrentó al problema que cada copia era hecha individualmente.  Para los manuscritos de cualquier longitud sustancial, nuevos errores estaban destinados a surgir en cada copia.  Además, el paso de casi dos mil años y la intervención del Oscurantismo ha resultado en la pérdida de la vasta mayoría de las copias hechas para cualquier obra antigua publicada.  ¿Cómo, entonces, se compara el Nuevo Testamento en pureza textual con otras obras antiguas?  ¿Hay un medio objetivo de determinar la confiabilidad?

  Los manuscritos completos más tempranos de los evangelios y cartas paulinas que han sobrevivido se remontan a la mitad del cuarto siglo, cerca de trescientos años después de que las obras originales fueron escritas.9  Esta fecha corresponde al final de la persecución oficial del Cristianismo y a la adopción general del pergamino más duradero, en lugar de frágil papiro como material de escritura.  Manuscritos de papiro más o menos fragmentarios han sobrevivido, aunque de un periodo anterior.  Tenemos partes de diez manuscritos de Mateo, los dos más tempranos de alrededor del 200 DC; fragmentos de un manuscrito de Marcos de alrededor del 225 (posiblemente otro del primer siglo);10 partes de cuatro manuscritos de Lucas, el más temprano de alrededor del 200; partes de nueve manuscritos de Juan, incluyendo un pequeño fragmento de alrededor del 130 y dos porciones sustanciales de alrededor del 200; y partes de dos manuscritos de 1 Corintios, el más temprano de alrededor del 200. La evidencia total de los manuscritos para el NT hasta la edad de la imprenta consiste de más de 5000 copias griegas, más de 8000 copias en Latín, y varios miles de copias en otros idiomas, además de miles de citas encontradas en los escritores cristianos tempranos.

  En contraste, los manuscritos sustanciales más tempranos para el texto de otros historiadores antiguos nuestros viene del noveno siglo DC, cuando un nuevo estilo de escritura griega fue introducido a la industria del libro para bajar los costos de producción.  El mejor caso es aquél de Suetonio, para el cual la primera buena copia sobreviviente viene de más de setecientos años después de que el libro dejó las manos de su autor. El peor caso entre estos es La Anábasis de Jenofonte; su manuscrito sobreviviente más temprano es del siglo catorce, más de 1700 años después de que el libro fue escrito.  Tres de estos historiadores ni siquiera fueron preservados en su totalidad.  Los primeros capítulos de Suetonio sobre Julio César se extraviaron en algún momento entre los siglos sexto y noveno.  Solo diez de los 16 libros de Tácito sobreviven completos, y dos más en parte.  Para Polibio solo tenemos cinco libros completos de cuarenta, aunque condensaciones de otros han sobrevivido. La totalidad de evidencia de  manuscritos para estos diez historiadores antiguos es de alrededor de doscientos manuscritos en total.

  Por consiguiente, comparado con el Nuevo Testamento, las mejor atestiguadas de estas historias seculares se conocen por manuscritos con más del doble de tiempo desde su autor.  El total de evidencia documentaria para la historia peor atestiguada es miles de veces más pequeña que para el NT, y si se coloca junto al conjunto total es cincuenta veces menor.  De hecho, el NT sobrevive en más manuscritos que cualquier otra obra clásica de la antigüedad.  El segundo puesto es la Iliada de Homero, la cual sobrevive en cerca de 650 manuscritos, todavía menos de un veinteavo de la cantidad.11

  ¿Qué tan seguros podemos nosotros estar que los textos que nosotros reconstruimos de los  manuscritos sobrevivientes son cercanos a lo que el autor originalmente escribió?  Sin los manuscritos mismos escritos o corregidos por el autor, siempre habrá una posibilidad de error.  Pero exactamente lo mismo podría decirse de cualquier  autor moderno.  Sin embargo, el procedimiento llamado " crítica textual " fue especialmente desarrollado para tratar con este problema en las obras escritas antes del advenimiento de la impresión.  ¿Qué puede decirse, entonces, acerca de esto?

  Quizás usted ha escuchado que hay 150 a 200 mil lecturas variantes en el Nuevo Testamento, así que ¿cómo puede alguien confiar en cualquier cosa que diga?  Esto es verdadero pero erróneo, puesto que la frase "lectura variante" es un término técnico.  Cada vez que un manuscrito de una obra antigua es descubierto, su texto es comparado con alguna edición estándar impresa.  En cada lugar que difiere del estándar, una "lectura variante" es registrada.  Si diez manuscritos difieren en la misma forma en el mismo lugar del estándar, diez lecturas variantes son registradas.  Así, entre más manuscritos sobrevivan de una obra particular, usualmente tendrá más lecturas variantes.  Nuestra preocupación, sin embargo, es qué fracción del texto es debatible.

  El Prof. F. J. A. Hort de Cambridge, en su obra clásica sobre el texto del Nuevo Testamento, menciona que 7/8vos del texto es aceptado por todos como preservado tal y como fue escrito por sus autores originales.  El restante 1/8vo consiste en gran parte de asuntos de ortografía y orden de las palabras, ambos relativamente triviales en griego antiguo. Si los eruditos están en lo correcto en su consenso de que la familia Alejandrina de manuscritos preserva el mejor texto, esta área de duda se reduce a cerca de 1/60vo del texto, del cual Hort estima que solo cerca de 1/1000ma del texto lo conforman variantes sustanciales.12

  Otros estimados se han hecho; por ejemplo, el Prof. Abbott de Harvard sugiere que solo 1/400vo  del texto es dudoso.13

  Estadísticas detalladas sobre los textos clásicos son difíciles de conseguir.  Recuerde que tres de nuestras diez historias seculares no han sido siquiera preservadas en sustanciales porciones de su texto.  Para la Iliada de Homero, entre 750 y 1000 líneas están en disputa de un total de 15,600.14  Esto representa cerca del 6% de material en disputa.  En contraste, el estimado de Hort de " variación sustancial " para el NT es 1/10mo del 1%; para Abbot el estimado es 1/4to del 1%; y aún el número de Hort incluyendo variaciones triviales es menos del 2%. Sir Frederic Kenyon resume bien la situación:15

  El número de manuscritos del Nuevo Testamento... es tan grande que es prácticamente seguro que la verdadera lectura de cada pasaje dudoso está preservado en una u otra de estas antiguas autoridades.  Esto no puede decirse de ningún otro libro antiguo en el mundo.  Los eruditos están satisfechos de que ellos poseen sustancialmente el verdadero texto de los principales escritores griegos y romanos cuyas obras han llegado a nosotros, de Sófocles, de Tucídides, o Cicerón, o Virgilio; sin embargo nuestro conocimiento depende de un puñado de manuscritos, mientras que los manuscritos del Nuevo Testamento se cuentan por cientos y hasta miles.

Autoría

  Por supuesto, uno podría admitir que el texto del NT es bueno — que es sustancialmente lo que sus autores originales escribieron — y todavía afirmar que es poco fiable históricamente.  Esto se hace comúnmente en círculos teológicamente liberales, donde el rechazo de lo milagroso significa que los evangelios deben ser imprecisos.  Las personas con tales creencias por lo tanto hacen extenuantes intentos para negar que los evangelios fueron escritos por los autores tradicionales o que dependen del testimonio de testigos oculares.  Sin embargo, la metodología empleada para tales negaciones es suficiente para descartar también muchos de los historiadores antiguos. Veámoslo.

  Las narraciones de los evangelios son anónimas en sus textos, en que ninguna de ellas dice, "yo, Mateo, escribí esto," o algo por el estilo.  La razón para esta anonimidad es desconocida.  Quizás fue hecha para enfatizar su tema, Jesús de Nazaret, mediante el restar importancia a sus autores.  Aún así, los autores eran probablemente conocidos por sus audiencias originales.  El prólogo de Lucas (1:1-4) indica que el autor es conocido por su destinatario y patrocinador Teófilo. De la misma manera, el autor del evangelio de Juan es conocido para algún grupo que responde por él en Juan 21:24. Por lo tanto al menos dos de los evangelios no eran anónimos para sus primeros destinatarios.

  Teniendo esto en cuenta, es significativo que la tradición cristiana primitiva es unánime al asignar los evangelios canónicos a Mateo, Marcos, Lucas y Juan; y que los papiros sobrevivientes más tempranos tienen títulos también, todos los cuales proporcionan solo los autores tradicionales.   Esto se explica más naturalmente si es que de hecho  estos hombres eran los autores y era conocimiento común en la iglesia primitiva.  De otra manera, uno debe explicar la pérdida completa de los nombres correctos y su completo reemplazo por un solo conjunto de nombres falsos — un conjunto, además, en el cual tres de los nombres son relativamente oscuros.  Uno podría haber pensado que, para nombres inventados, cualquier apóstol sería más probable que Marcos o Lucas, y cualquiera de los principales apóstoles — Pedro, Pablo, Santiago, Andrés, Felipe o Tomás — más probable que Mateo.

  Damos aquí un esbozo de la evidencia histórica externa a los evangelios para los autores tradicionales.  Papías, obispo de la iglesia en Hierápolis en Asia Menor y un hobre viejo en 130 DC, nombra a Mateo y Marcos como escritores de los evangelios, indicando que Mateo escribió en Hebreo o Arameo y describiendo a Marcos como alguien que registró los recuerdos de Pedro.  Papías fue él mismo un estudiante del apóstol Juan.16

  Justino Mártir, después de estudiar a muchos de los filósofos griegos contemporáneos, se convirtió al cristianismo en algún momento antes del130. Él habla de los evangelios como "memorias de los apóstoles."17  Él dice que estos fueron escritos "por apóstoles y aquellos quienes los seguían,"18 lo cual calza con la atribución tradicional a dos apóstoles (Mateo y Juan) y dos seguidores (Marcos de Pedro, Lucas de Pablo). Él cita de o menciona asuntos que se encuentran en cada uno de los cuatro evangelios, y aparentemente alude al evangelio de Marcos como a las  memorias de Pedro.19  Justino escribió en los 50s del segundo siglo, pero aparentemente su Diálogo con Trifón, en el cual mucho de su testimonio ocurre, en realidad tuvo lugar en los 30s.

  El anónimo Canon de Muratori, escrito en Italia al final del segundo siglo, está dañado en su inicio pero enumera a Lucas como el autor del tercer evangelio y a Juan como el autor del cuarto.20  Ireneo, obispo de Lyon en el sur de Francia alrededor del 180, fue criado en Asia Menor y estudió bajo Policarpo, un estudiante del apóstol Juan. Él menciona cada uno de los autores de los cuatro evangelios y da fechas relativas para la escritura de tres de estos.21

  Clemente y Orígenes, maestros cristianos en Alejandría alrededor del 200, mencionan todos los cuatro evangelios y dan los autores tradicionales.22  Ninguno de estos hombres da ninguna indicación de que ellos estén adivinando, innovando o pidiendo prestado uno del otro.  Todo esto sugiere que la información era de conocimiento común de la generación previa.

  La evidencia interna en los evangelios apoya estas identificaciones.  Mateo es bastante obvio para aquellos de origen judío, pues hace énfasis en Jesús como el Mesías que cumple la profecía del Antiguo Testamento este presenta las costumbres judías sin ninguna explicación.  El evangelio de Marcos calza con la vivacidad y brusquedad de la personalidad de Pedro.  El incidente que reseña en 14:51-52 — de un hombre joven que pierde su ropa ante la multitud que arresta a Jesús — tiene mucho sentido si es un pequeño trazo de la historia personal de Marcos, pero si no es bastante desconcertante.  Pablo nos dice que Lucas es un médico gentil (Col 4:14); su evangelio muestra especial interés en los gentiles y abunda en terminología técnica médica.23  Juan es el único evangelio que llama a Juan el Bautista simplemente "Juan"; los otros evangelios usan el término "Bautista" para distinguirlo de Juan el apóstol, quien nunca se menciona en el evangelio de Juan. Su autor afirma, sin embargo,  haber corrido con Pedro a la tumba vacía en la mañana de Pascua, y haber visto y escuchado al Jesús resucitado en varias ocasiones.  Por supuesto, uno podría afirmar que los autores originales falsificaron estos detalles; que los cristianos primitivos fueron tomados por este engaño; y que ellos por unanimidad acordaron en adivinar quién escribió cada uno.  Tales procedimientos, sin embargo, descartarían cualquier dato histórico.

  Que el apóstol Pablo haya escrito 1 Corintios es tan seguro como que él existió.  Ni siquiera la crítica radical de F. C. Baur negó a Pablo su carta, y la evidencia externa muestra por qué esto es así.  No solo la carta afirma haber sido escrita por Pablo, sino que la más temprana escritura extrabíblica todavía en existencia lo afirma.  La carta de Clemente a los corintios, escrita alrededor del 95 DC, la cita, la nombra, la describe, y la asigna al apóstol Pablo.24  Todo esto a menos de treinta años de la muerte de Pablo en un escrito del el líder de la iglesia en Roma donde Pablo había trabajado y dado su vida por la fe.

  Hasta donde yo sé, ninguna de las diez historias clásicas que hemos estado usando para comparación tiene tal testimonio externo como lo tiene 1 Corintios o incluso los evangelios. Por supuesto, ninguna de estas historias es anónima, como lo son los evangelios.  Por otro lado, yo no he sido capaz de encontrar ninguna descripción de antiguos escritores de las circunstancias de su composición, como la que tenemos para los evangelios. Cierto es que, yo no he pasado mi vida en el estudio de la literatura clásica secular, pero el mismo hecho de que tales cosas no sean discutidas en el Diccionario Clásico de Oxford, Diccionario Harper de Literatura Clásica y Antigüedades, o los volúmenes relevantes de la Biblioteca Clásica Loeb muestra lo poco que los historiadores modernos que estudian el periodo clásico comparten el escepticismo tan endémico a los estudios liberales del NT.

  ¿Habría aceptado la iglesia primitiva escritos que fueran anónimos, o para los cuales ellos no pudieran comprobar afirmaciones de autoría, como los teólogos liberales creen?  No de acuerdo con la evidencia preservada en el NT y los escritores  cristianos tempranos.  El NT regularmente reprende la mentira, y advierte de los peligros de la herejía, especialmente de los falsos maestros y falsos profetas (Mat 7:15; Mar 13:22; Gal 1:8; 1 Tes 5:21; 2 Pe 2:1; 1 Juan 4:1). Aunque Pablo escribía sus cartas por medio de escribas (de acuerdo con las prácticas habituales de ese tiempo), él siempre escribió los saludos finales de su puño y letra para protegerse contra la falsificación (2 Tes 3:18; 2:2,15); también una práctica común.25  Que esta preocupación se extendió a las falsificaciones "ortodoxas"  se ve en el hecho de que una iglesia en Asia Menor depuso a uno de  sus ancianos por escribir los Hechos de Pablo y Tecla, aunque él afirmó que él lo había escrito por amor a Pablo.26

  La iglesia primitiva también estaba preocupada de tener múltiples testimonios para la narración de su historia y enseñanzas.  Pablo le dice a Timoteo (2 Tim 2:2):

  Lo que has oído de mí ante muchos testigos, encárgaselo a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.
 
Parece que la carga de la prueba recae en aquellos que niegan la autoría tradicional de los libros del NT para traer al frente alguna evidencia real para apoyar sus especulaciones.

  Así que tomamos Mateo, Marcos, Lucas, Juan y Pablo como autores de las obras atribuidas a ellos y preguntamos, "¿Cómo se comparan ellos con otros escritores de historia de la antigüedad?"  A nosotros nos gustaría mucho que el historiador fuera un testigo de los eventos que él narra, pero esto rara vez es posible para todos los eventos involucrados.  Es ciertamente importante que él tenga acceso al testimonio de testigos oculares.

  A nosotros nos gustaría que el escritor no tuviera prejuicios, pero él también debe estar suficientemente interesado en el tema para escribir en un tiempo temprano cuando los testigos oculares todavía vivían.  De hecho nosotros tendríamos poca escritura de historia, antigua o moderna, si tuviéramos que depender de escritores totalmente imparciales.  Es más importante que el escritor esté preocupado de informar la verdad aún si no es siempre favorable para su lado.

  Además, es más útil poder probar las afirmaciones del historiador al corroborarlas por otras fuentes.  Pero para la antigüedad especialmente, es demasiado esperar corroboración para todos los puntos de una narración, especialmente cuando la narración que está siendo puesta a prueba es la más detallada o el único relato detallado de los eventos en cuestión.  Debe permitírsele espacio para que una fuente agregue a nuestro conocimiento de historia.
 
 Consideremos  el asunto del testimonio de testigos oculares primero.  Sobre la base de la información bíblica, Juan y Mateo eran discípulos de Jesús, el primero desde el puro principio de su carrera pública, el último a lo largo de todo su ministerio Galileo.  Marcos probablemente tenía mucho menos contacto directo con Jesús, puesto que él  parece haber sido joven y que estaba viviendo en Jerusalén en este momento.  Pablo era probablemente mayor que Marcos, pero él dice poco acerca de su contacto con Jesús pre-conversión. Probablemente él había visto a Jesús solo una o dos veces en Jerusalén. A diferencia de los otros, Lucas es un gentil, probablemente un oriundo de Antioquía, quizás convertido durante la obra de Pablo y Bernabé ahí en los 40s. Él hubiera tenido el menor contacto directo con testigos oculares, puesto que los otros estaban en Judea durante cinco o más años inmediatamente después del ministerio de Jesús.  Sin embargo Lucas tuvo considerable contacto con Pablo y Silas, estuvo varios días con Felipe, y aparentemente estuvo dos años en Palestina (c58-60) mientras Pablo estaba encarcelado en Caesarea. Todos los cinco escritores, entonces, tuvieron considerable oportunidad de utilizar el testimonio de testigos oculares.

  Comparando los escritores bíblicos con los historiadores clásicos, el estatus de Juan y Mateo, como participantes en muchos de los eventos que ellos registran, es paralelo al de Plinio el Joven, Jenofonte, Polibio y Tucídides. La situación de Pablo, al haber estado en ambos lados de la controversia, es paralelo a aquél de Josefo durante la revuelta Judía, con la notable diferencia de que Josefo se cambió al lado de la riqueza y del poder político con el fin salvar su vida, mientras que Pablo puso en peligro su vida cambiándose al lado carente de estas atracciones.  Lucas y Marcos están en posiciones comparables a aquellas de Tácito, Suetonio y Herodoto, en aquellos casos donde el último informa sobre eventos anteriores a su época pero suficientemente recientes para tener testigos oculares vivos.  Ninguno de estos cinco escritores bíblicos están en la posición de Plutarco para la mayoría de su material, o de Josefo, Suetonio y Herodoto para su material más temprano, en el que los testigos oculares ya no vivían.  Por lo tanto la situación del NT aquí es comparable a los mejores casos entre los historiadores antiguos.  De hecho, si los estudiantes de historia antigua tuvieran que depender únicamente del testimonio de testigos oculares, nosotros sabríamos poco de la antigüedad.

  ¿Y qué acerca del prejuicio?  Es cierto que los escritores bíblicos eran todos verdaderos cristianos, y ellos ven los eventos desde esa perspectiva.  Esto no descarta la posibilidad que ellos fueran sinceros y que ellos solo informaron los eventos para los cuales ellos tenían buena evidencia.  Note el boceto que Lucas da de su metodología (Luke 1:1-4):
Excelentísimo Teófilo:  Muchos han tratado ya de relatar en forma ordenada la historia de los sucesos que ciertamente se han cumplido entre nosotros,  tal y como nos los enseñaron quienes desde el principio fueron testigos presenciales y ministros de la palabra.  Después de haber investigado todo con sumo cuidado desde su origen, me ha parecido una buena idea escribírtelas en orden,  para que llegues a conocer bien la verdad de lo que se te ha enseñado.
 

  Es además significativo que cada autor informa sobre eventos que reflejan desfavorablemente en él (excepto Lucas, quien no estaba presente en las narraciones de los evangelios) así como sobre los apóstoles y los cristianos primitivos en general.  Sólo Jesús no recibe reseñas desfavorables, en acuerdo con la imagen bíblica que él es Dios encarnado y por lo tanto sin pecado.  No se hace ningún intento, sin embargo, de eliminar las afirmaciones en apariencia severas hechas por Jesús o los cargos en su contra de sus oponentes.  Ni los escritores bíblicos buscan esconder el hecho de que son cristianos para pretender dar un relato imparcial, como vemos en la carta (Judía) Carta de Aristeas y el apócrifo (cristiano) Hechos de Pilato. Es también significativo que dos de los cinco escritores — Lucas y Pablo — no estaban al lado de Jesús durante su ministerio.  Pablo, de hecho, era un miembro violento y de alto rango de la oposición.  ¡Ciertamente Pablo sabía todo lo que se podía decir contra Jesús y sus seguidores!

  En comparación, encontramos que nuestros historiadores clásicos tenían sus sesgos, también.  Josefo era muy  favorable a los emperadores romanos y a los fariseos, pero altamente antagonista a los Celotes quienes habían guiado la revuelta contra Roma.27  Tácito, por otro lado, estaba en contra del sistema imperial y anhelaba un regreso a la república.28  Suetonio encontraba difícil dejar pasar un buen escándalo, no importa cuán improbable fuera el relato.29  Plinio, impactado por los vicios romanos, prefería enfatizar asuntos más placenteros.30  Plutarco escribió sus biografías para enseñar virtud y advertir contra el vicio.  Un escritor lo caracteriza como "sugerente y engañoso al historiador."31  Herodoto es muy estimado por su cuidadoso trabajo y reserva, sin embargo él también es acusado de "fuerte sentimiento religioso, rayando en superstición."32  Jenofonte escribió la primera parte de su Anábasis bajo un seudónimo; la segunda parte es tensa y agresiva conforme responde a sus críticos.  Él simpatizaba notablemente con Esparta y otros regímenes autoritarios.33  Polibio critica severamente a los historiadores previos en el libro 12 y tenía  prejuicio contra las regiones de Etolia and Beocia, sin embargo todavía se considera que tiene altos estándares de  honestidad.34

  A pesar de todas estas evidencias de sesgo, cada uno de estos historiadores seculares es importante para nuestra comprensión de los eventos de la antigüedad; cada uno relata muchos sucesos para los cuales nosotros no tenemos ninguna otra evidencia.  Y estos son los mejores historiadores antiguos que nosotros tenemos.  Como resultado, A. N. Sherwin-White, historiador clásico de Oxford, comenta:35

  Es asombroso que mientras los historiadores grecorromanos han ido creciendo en confianza, el estudio del siglo veinte de las narraciones evangélicas, partiendo de material no menos prometedor, ha tomado un giro tan sombrío en el desarrollo de la crítica de forma que los más avanzados exponentes de él aparentemente mantienen — en la medida en que un amateur puede entender el asunto — que el Cristo histórico es incognoscible y la historia de su misión no puede ser escrita.  Esto parece muy curioso ...

Los Eventos de la Semana de Pascua y su Corroboración

  Pasemos ahora a los cuatro evangelios y veamos qué eventos que ocurren durante la semana de Pascua se registran.  Nosotros aquí brevemente resumiremos todos los sucesos registrados en dos o más evangelios y unos pocos de ellos que se encuentran solo en uno.  Por brevedad, nosotros usaremos los símbolos  4 = todos; M = Mateo, m = Marcos; L = Lucas; J = Juan.

  Cinco días antes de la Pascua (J), Jesús se dirige a Jerusalén con una multitud de peregrinos (4). Él cabalga en un burro joven (4), recordando Zac 9:9 conforme las multitudes lo saludan con gritos de "Hosanna" (MmJ; Hebreo para "¡líbranos!"), "Bendito es el que viene en el nombre del Señor" (4), y la aclamación como rey de Israel (4). Después de mirar alrededor del templo, Jesús regresa a Betania donde él se está quedando para el festival (Mm).

  Al siguiente día él regresa a Jerusalén, maldice a una higuera estéril en el camino (Mm). Luego él echa a los mercaderes y a sus animales fuera de los patios del templo (MmL). Al siguiente día, Jesús nuevamente regresa al templo, donde su autoridad es cuestionada por los oficiales del templo (MmL). Los fariseos y herodianos buscan atraparlo con una pregunta sobre los impuestos romanos (MmL). Los saduceos plantean un problema para creer en la resurrección (MmL). Jesús devuelve cada uno de estos ataques a sus oponentes (MmL) y luego discute el mandamiento más grande con un abogado (Mm). Jesús termina el debate preguntando a los fariseos cómo el Mesías puede ser simplemente el hijo de David cuando él es también su señor (MmL). Esto es seguido por la reprensión mordaz a los fariseos por su hipocresía (MmL). Jesús observa y aprueba la ofrenda sacrificial de una viuda al templo (mL), y luego él se va del templo por última vez (MmL). En el camino de regreso a Betania, Jesús reúne a sus discípulos en el Monte de los Olivos y les da una descripción detallada de la destrucción venidera  del templo y su propio regreso en gloria (MmL).

  En algún momento durante este periodo, Judas hace arreglos secretos con los jefes de los sacerdotes para entregarles  a Jesús (4).

  El próximo día o el siguiente, Jesús envía algunos de sus discípulos a hacer preparativos para su cena de  pascua en un aposento alto en Jerusalén (MmL). Él y los otros discípulos llegan (4), y él lava sus pies como una lección sobre humildad (J). A Judas se le muestra por medio de una señal que su traición ha sido detectada, pero Jesús le deja ir (4). Jesús luego advierte a los restantes discípulos de los peligros por delante en los que van a caer, Pedro siendo especialmente señalado (4). La Cena del Señor es instituida, simbolizando su muerte venidera (MmL), y Jesús habla largo y tendido con sus discípulos (J). Finalmente  ellos dejan el aposento y cruzan el Valle de Cedrón para orar en un jardín en el Monte de los Olivos (4). Ahí Judas y los soldados del templo los encuentran y arrestan a Jesús mientras los discípulos huyen (4).

  Jesús es llevado a los líderes judíos (4), juzgado por el Sanhedrín (la corte suprema judía), y temprano a la mañana siguiente formalmente condenado por blasfemia (4). Luego él es llevado delante del gobernador romano Poncio Pilato, quien está renuente a ratificar su decisión (4). Después de dar largas (4), los líderes aplican presión de la multitud (MmL), amenazando con denunciarlo a César (J). Como resultado, Pilato permite la muerte de Jesús por reclamar la monarquía (4).

  Jesús es crucificado en un lugar llamado Gólgota (4) entre dos bandidos (4) y muere esa tarde (4) después de varias horas de oscuridad poco común (MmL). Su cuerpo es reclamado por un judío rico llamado José de Arimatea, quien lo entierra en su tumba personal (4), mientras las mujeres en el grupo de Jesús miran (MmL). Al día siguiente un guardia es colocado en la tumba ante la insistencia de los líderes judíos, quienes recuerdan predicciones de resurrección de Jesús y temen que los discípulos traten de robar el cuerpo (M).

  Al tercer día del entierro de Jesús y el primer día de la semana (Domingo), un grupo de mujeres vienen en la madrugada para ungir el cuerpo de Jesús, pero ellas encuentran la tumba vacía (4). Los soldados han huido de la escena, pero aceptan un soborno para difundir la versión de que el cuerpo de Jesús fue robado (M). Los ángeles anuncian la resurrección de Jesús a las mujeres y les dicen que lo comuniquen a los discípulos (MmL). De camino a hacerlo, Jesús se aparece a algunos de ellos (M). Mientras tanto, María Magdalena le ha comunicado a Pedro y a Juan, quienes corren a la tumba y la encuentran vacía (J). Ella los sigue de regreso a la tumba y ahí ve a Jesús (J). Más tarde ese día, Jesús se aparece a Pedro (L(m)), luego a los dos discípulos en el camino a una aldea cercana (L(m)). Al regresar rápidamente a Jerusalén, cuando estos discípulos acaban de informar a los otros, Jesús se aparece a todo el grupo (LJ).

  La semana de Pascua termina en este punto, pero los Evangelios y Hechos (A) relatan varias otras apariciones de Jesús después de su resurrección.  La primera es una semana después en Jerusalén a sus discípulos incluido Tomás (J). Más tarde él se le aparece a siete discípulos junto al mar de Galilea (J), luego a un grupo grande en un monte en Galilea el cual Jesús había especificado con anticipación (M). Finalmente hay un par de apariciones en Jerusalén antes de su ascensión (LA). Varios años más tarde Jesús se aparece a Esteban y a Pablo (A).

Confirmación por Pablo

  El apóstol Pablo no nos da un relato detallado de la vida de Jesús, por lo cual algunos han asumido erróneamente que él no tenía interés en el tema.  Antes bien nosotros debemos señalar que las cartas de Pablo están escritas a las iglesias establecidas.  Ellas solo tratan estos asuntos básicos cuando hay alguna confusión que aclarar.

  Así cuando la iglesia de Tesalónica es alterada por afirmaciones que el fin de la edad ha llegado, Pablo repite la sustancia de la enseñanza de Jesús en relación con su regreso.  Este material, de acuerdo con los Evangelios, Jesús lo dio en el Monte de los Olivos después de dejar el templo por última vez.  Hay por lo menos 24 puntos detallados de paralelismo existente entre los comentarios de Pablo en 1 y 2 Tesalonicenses y el Discurso de Jesús en los Olivos en Mateo 24 y 25, Marcos 13 y Lucas 21.36

  Cuando los corintios están haciendo mal uso de la Cena del Señor, Pablo describe su institución para ellos con cierto detalle (1 Cor 11:23-26), mencionando de paso que esto ocurrió la noche que Jesús fue traicionado.

  Pablo habla frecuentemente de la muerte de Jesús y su importancia.  Una vez él menciona que fueron " los gobernantes de este mundo" quienes " habrían crucificado al Señor de la gloria" (1 Cor 2:8). En otros lugares él identifica a estos gobernantes e incluye a Poncio Pilato (1 Tim 6:13) y los judíos (1 Tes 2:14-15).

  Pablo menciona las apariciones de Jesús post-resurrección para responder a los oponentes en Corinto quienes negaban la resurrección corporal (1 Cor 15:1-11). La lista de Pablo de seis apariciones no coincide con ninguna otra lista en los Evangelios, pero se superpone a todas y es útil para calzarlas todas juntas.

  Por último, Pablo habla de la ascensión de Jesús en Rom 8:34 y 1 Tim 3:16.

Confirmación por fuentes paganas

  Son escasas las referencias a Jesús en la literatura pagana que sobrevive de antes de (digamos) 150 DC. Sin embargo hay más referencias a Jesús que a Josefo o Poncio Pilato, dos notable actores en la Palestina del primer siglo. Tenemos dos breves reseñas en Suetonio, una de las cuales es incierta;37 una referencia en Tácito;38 y otra en Plinio el Joven.39  Además, una carta de un filósofo estoico sirio Mara, a su hijo Serapión, que hace referencia a Jesús.40  Estos pasajes se brindan en su totalidad  en el Apéndice II.

  De estas fuentes aprendemos la siguiente información acerca de Jesús que tiene más o menos relevancia a la semana de Pascua.  De acuerdo con Tácito, Jesús vivía en Judea cuando Tiberio era emperador y Pilato era gobernador de Judea (26-36 DC). Él era un maestro controversial, ya que los autores romanos califican su enseñanza de "superstición" mientras Mara lo considera "sabio."  Se le atribuyó una pretensión de ser Mesías: los historiadores romanos lo conocen solo por su título "Cristo," que ellos consideran su nombre; Mara lo llama rey.  De acuerdo con Tácito, él fue condenado a muerte por Pilato; Mara culpa a los judíos. De acuerdo con Plinio, quien estaba llevando a cabo juicios  de cristianos en Asia Menor antes del 115 DC, los seguidores de Jesús lo adoraban como si fuera Dios, aunque ellos no adoraban a los dioses.  Los verdaderos cristianos, de acuerdo con Plinio, preferirían morir antes que maldecir a Cristo u ofrecer incienso al César.

Confirmación por fuentes judías

  Entre las fuentes tempranas judías, hay dos referencias a Jesús en los manuscritos griegos de Josefo;41 una de estas ha sido cuestionada porque parece demasiado cristiana para Josefo (afirma el mesianismo de Jesús).  Recientemente una epítome de este controversial pasaje fue hallado en un manuscrito del siglo diez de una historia de la iglesia árabe,42 el cual provee una versión aparentemente menos cristiana.  El Talmud Babilónico, una compilación de las tradiciones de los rabinos, contiene una serie de referencias crípticas a Jesús y una definitiva.43  La referencia  definitiva, a la cual limitamos nuestras observaciones, se sabe que es anterior a 200 DC. Estos pasajes se brindan en el Apéndice III.

  De acuerdo con Josefo, Jesús vivió en Judea cuando Poncio Pilato era gobernador.  El Talmud es consistente con esto, pero no muy definido, simplemente localizándolo en el periodo Tanático (100 AC – 200 DC). El carácter de Jesús era controversial; él es visto bastante favorablemente por Josefo y negativamente por los rabinos.  Tanto Josefo como el Talmud informan que él obró milagros, aunque el último los explica como hechicería.  De acuerdo con ambos, él reunió seguidores, y Josefo señala que estos consideraban que era el Mesías. Ambos el Josefo griego y el árabe dicen que Jesús fue crucificado por Pilato. El Josefo griego también involucra a los líderes judíos en su condenación.  El Talmud ve el procedimiento completo como judío, incluso dando la forma tradicional de ejecución (lapidación y colgar ) en lugar de la crucifixión pagana (la cual, sin embargo, los rabinos también la llamaban "colgar"). El Talmud fecha la ejecución en la víspera de la Pascua, en acuerdo con el evangelio de Juan. El cargo Talmúdico contra Jesús es "hechicería" y "seducir a Israel a la apostasía."  Josefo señala que los discípulos de Jesús registraron su resurrección en el tercer día.

Discusión de las Confirmaciones

  Estas confirmaciones son significativas al juzgar la fidelidad de los relatos evangélicos de la semana de Pascua.  Estos relatos mismos dan cientos de detalles, muchos de los cuales son registrados por dos, tres, o todos los cuatro evangelios . Sin embargo la cantidad de divergencias entre los relatos de los evangelios — las cuales mencionan regularmente los oponentes de su fidelidad — no sugiere que los autores trataron de armonizar sus relatos.  Además, el apóstol Pablo, aunque no intenta él mismo una narración, corrobora docenas de detalles tanto principales como incidentales encontrados en los relatos de los evangelios.

  Las fuentes paganas y judías concuerdan con los evangelios y Pablo en la fecha de las actividades de Jesús, su naturaleza controversial, sus milagros, su declaración mesiánica, y su muerte a manos de ambas autoridades romanas y judías.  Esto es especialmente importante en vista del hecho de que muchos hoy en día buscan negar que Jesús hizo milagros, hizo un reclamo mesiánico, o fue condenado a muerte por la cooperación romano-judía.  Las fuentes históricas que aluden brevemente al tema están todas contra ellos.

  A primera vista, los cargos del Talmud contra Jesús parecen diferir de aquellos de los relatos de los evangelios.  Sin embargo los Evangelios mencionan un intento en el jucio de Jesús de condenarlo por ofrecer reconstruir el templo en tres días, lo cual fácilmente podría entenderse como hechicería.  De acuerdo con los Evangelios, Jesús en realidad fue condenado por blasfemia, debido a que él afirmó ser el Mesías, el Hijo de Dios. Esto puede de hecho ser la "apostasía" por la cual Jesús "sedujo a Israel," de acuerdo con el Talmud. En la costumbre judía, una frase como "Hijo de Dios" sería una pretensión de divinidad, una apostasía blasfema a los ojos de la mayoría de los judíos. Plinio señala que los seguidores de Jesús lo adoraban como Dios, aunque escrito por un politeísta, está en línea con su sugerencia.

  No hay ninguna confirmación no-cristiana de que la resurrección de Jesús hubiera en efecto ocurrido (¡excepto Pablo!); pero esto no es de sorprenderse, puesto que cualquier creyente en la resurrección de Jesús sería considerado un cristiano. Por supuesto, cualquier fuente podría informar de la creencia de los discípulos en la resurrección de Jesús, y Josefo lo hace.  Para un romano, tal creencia sería simplemente otra "superstición" cristiana (Tácito, Suetonio, Plinio). Un estoico como Mara también rechazaría la resurrección del cuerpo, y el Talmud ha escogido  ignorarlo.  En cualquier caso, nosotros sabemos por el debate de Justino con Trifón (130s),44 por la polémica anti-cristiana de Celso (c180)45 y por el Talmud46 que los judíos estaban conscientes de los evangelios cristianos, y por Mateo y Justino47 que ellos buscaban justificar la resurrección como un caso de robo de cuerpo por los discípulos.

 La única divergencia significativa entre los materiales no-cristianos y los evangelios involucra la forma de la muerte de Jesús.  El Talmud dice que Jesús fue "colgado" y "lapidado y colgado."  Los evangelios hablan de crucifixión, junto con Pablo y toda la literatura cristiana.  Esto es apoyado por Josefo (ambas versiones) y menos directamente por Tácito, quien menciona que Jesús fue condenado a muerte por el romano Poncio Pilato, presumiblemente por un método romano.  Debido a que el término "colgado" es usado por los rabinos para crucifixión así como también del cuerpo colgado después de lapidar hasta la muerte,48 no es irrazonable suponer que el Talmud da un relato un poco distorsionado, quizás basado en los hechos de que Jesús tuvo un juicio religioso y fue  "colgado," pero  proveyendo otros detalles de prácticas tradicionales.

Conclusiones

  Nosotros ahora hemos analizado los cuatro relatos de los evangelios de la semana de Pascua.  Hemos señalado la gran cantidad de detalles que estos tienen en común en relación con los eventos de este periodo.  Las divergencias que estos contienen sugiere que estos no fueron forzados a calzar el uno con el otro.  El usar las divergencias para sembrar duda sobre la historicidad de los sucesos sobre los que obviamente concuerdan es un extraño tipo de metodología histórica.  Estos relatos encuentran alguna detallada corroboración en los escritos de Pablo, un perseguidor de cristianos quien él mismo se hizo cristiano. De hecho, ocurre corroboración significativa en varias fuentes paganas y judías también.  Esto es más de lo que se puede decir sobre la mayoría de los eventos reportados de la antigüedad.

  Nosotros también hemos examinado la autoría tradicional de los cuatro evangelios — que ellos fueron escritos por dos apóstoles y por dos discípulos apostólicos, todos con acceso sustancial al testimonio de testigos oculares.  La unanimidad de evidencia sustancial para esta tradición es sorprendente.  Esto es más evidencia que la que tenemos para la autoría de la mayoría de las historias antiguas.

  Nosotros también hemos examinado la transmisión de estas narraciones desde el escrito original hasta la llegada de la imprenta.  Parece que estas fueron copiadas con un gran cuidado por lo menos igual a aquel dado a los historiadores seculares, y con una frecuencia excediendo tanto a estas que una vasta cantidad de material existe para reconstruir sus lecturas originales. Si hay alguna razón para confiar que tenemos sustancialmente los textos originales de otros historiadores antiguos, nosotros tenemos más para los evangelios.

  Por supuesto, nosotros podemos, si nosotros deseamos, rechazar como no confiable cualquier narración que contenga milagros, pero eso es realmente evitar la pregunta en los mismos lugares donde la existencia del milagro puede ser resuelta afirmativamente.  También es posible establecer un conjunto de criterios para aceptar lo milagroso tan altos que ninguna evidencia de la antigüedad pueda satisfacernos.  Esto sería poco sabio si nuestro interés es descubrir lo que  realmente sucedió más que evitar un cierto tipo de explicaciones porque estas son desagradables.

  También es posible rechazar los materiales de los evangelios por ser no confiables por la naturaleza controversial de los sucesos que estos narran.  Recuerden, sin embargo, que los evangelios mismos dejan claro que las palabras y las acciones de Jesús eran muy controversiales desde el puro principio.  Si la historia es un intento de encontrar lo que realmente sucedió, nosotros debemos investigar sucesos controversiales así como mundanos.  Nosotros a menudo encontraremos que algunos de los sucesos más importantes son también los más controversiales, y que un lado de la  controversia, sincera o no, puede estar muy equivocada.

  Nosotros también podríamos afirmar que la verdadera imagen de Jesús sería muy diferente si nosotros tuviéramos más materiales preservados de la oposición.  Bien, las variadas formas de oposición tuvieron trescientos años para montar sus casos antes de que aquellos que afirmaban el nombre de cristiano tuvieran el poder político para oponerse a ellos.  Esta evidencia dañina podría haber sido enterrada en vasijas o llevada fuera del Imperio Romano para mantenerla a salvo.  ¿Dónde está?  Es más probable que la oposición no tuviera un verdadero caso mejor que "Díganle a la gente que sus discípulos robaron el cuerpo mientras ustedes dormían," así que ellos escogieron ignorar el cristianismo cuando fue posible, y el ridículo o perseguirlo cuando no.

  De hecho, es posible afirmar que el cristianismo es una mentira o una ilusión, pero solo por el más drástico manejo de los datos históricos.  Si los primeros discípulos fueron crédulos, ellos ciertamente fueron suficientemente ingeniosos  para verse muy escépticos en los relatos del evangelio.  Si ellos fueran mentirosos, ellos deben haber planeado la trama más sorprendente en la historia, y (como un sub-producto) accidentalmente crearon en Jesús uno de los más inolvidables personajes de la realidad o ficción.

  ¿Son las narraciones evangélicas de la semana de Pascua confiables?  Sobre la base de tales pruebas históricas que no evitan la pregunta de lo milagroso, ellas se levantan al igual que cualquier relato de la antigüedad.






Apéndice I
Una Comparación de Algunos Escritos Históricos Antiguos

 

Autor & Obra

Tiempo de vida Autor

Fecha de Eventos

Fecha de Escritura*

Fecha 1er Manuscrito#

Lapso Evento a Escrito

Lapso Evento a Manuscrito

Mateo, EVANGELIO

c0-70 DC?

4 BC-30 DC

50-65/75

c200

<50

<200

Marco, EVANGELIO

c15-90 DC?

27-30 DC

65/70

c225

<50

<200

Lucas, EVANGELIO

c10-80 DC?

5 BC-30 DC

60/75

c200

<50

<200

Juan, EVANGELIO

c10-100 DC

27-30 DC

90/110

c130

<80

<100

Pablo, CARTAS

c0-65 DC

30 DC

50-65

c200

20-35

<200

 

 

 

 

 

 

 

Josefo, GUERRA

c37-100 DC

200 AC-70 DC

c80

c950

10-300

900-1200

Josefo, ANTIGÜEDADES

c37-100 DC

200 AC-65 DC

c95

c1050

30-300

1000-1300

Tácito, ANALES

c56-120 DC

14-68 DC

100-120

~ c850

30-100

800-850

Suetonio, VIDAS

c69-130 DC

50 AC -95 DC

c120

c850

25-170

750-900

Plinio, CARTAS

c60-115 DC

97-112 DC

100-112

c850

0-3

725-750

Plutarco, VIDAS

c50-120 DC

500 AC-70 DC

c100

~c950

30-600

850-1500

 

 

 

 

 

 

 

Herodoto, HISTORIA

c485-425 AC

546-478 AC

430-425 AC

c900

50-125

1400-1450

Tucídides, HISTORIA

c460-400 AC

431-411 AC

410-400 AC

c900

0-30

1300-1350

Jenofonte, ANÁBASIS

c430-355 AC

401-399 AC

385-375 AC

c1350

15-25

1750

Polibio, HISTORIA

c200-120 AC

220-168 AC

c150 AC

c950

20-70

1100-1150

*donde hay una barra diagonal, la primera fecha es conservadora, la segunda liberal



Apéndice II
Fuentes Paganas Sobre Jesús


Gayo Suetonio, Vidas de los Doce Césares:

  Él expulsó a los judíos de Roma, a causa de los disturbios en los cuales ellos estaban constantemente consintiendo, ante la instigación de Crestus. (Claudio 25.4)

  Castigo fue infligido sobre los cristianos, un grupo de personas
adictas a una nueva y dañina superstición. (Nerón 16.2)

Cornelio Tácito, Anales:

  Pero ni la ayuda de los hombres, ni la recompensa del emperador,
ni las ofrendas propiciatorias a los dioses, pudieron quitar la sombría
sospecha que el fuego había sido iniciado por la orden de Nerón.  Para
poner fin a este rumor, él desplazó el cargo a otros, e infligió las más
crueles torturas sobre un grupo de personas detestadas por sus abominaciones,
y conocidas popularmente como "cristianos."
Su nombre provino de un Cristus, quien fue condenado a muerte en el
Principado de Tiberio por el Procurador Poncio Pilato. Aunque controlada
por un tiempo, la destructiva superstición estalló nuevamente,
no solo en Judea, donde su daño empezó, sino incluso en Roma,
donde toda iniquidad abominable y vergonzosa, de todo el mundo,
es vertida y encuentra una bienvenida. (Anales 15.44)

Mara bar Serapion, Carta a su hijo Serapión:

  ¿Qué ventaja obtuvieron los atenienses de matar a Sócrates? 
Hambruna y plaga vino sobre ellos como un juicio por su
crimen.  ¿Qué ventaja obtuvieron los hombres de Samos de quemar
a Pitágoras? En un momento su tierra estaba cubierta con arena. 
¿Qué ventaja obtuvieron los judíos de ejecutar a su rey sabio?  Fue
justo después de esto que su reino fue abolido.  Dios justamente
vengó a estos tres hombres sabios: los atenienses murieron de hambre; los
Samianos fueron inundados por el mar; los Judíos, arruinados y
sacados de su tierra, viven en completa dispersión.  Pero Sócrates
no morirá para siempre; él vivió de las enseñanzas de Platón.
Pitágoras no murió definitivamente; él continuó viviendo en la estatua de
Hera. Ni el rey sabio murió para siempre; él continuó  viviendo en las
enseñanzas que él había dado.


Plinio el Joven, Cartas: a Trajano:

  Es mi regla, Señor, referirme a usted en asuntos en los que no tengo certeza. 
Porque ¿quién puede mejor dirigir mi vacilación o instruir mi ignorancia?  Yo
nunca estuve presente en ningún juicio de  cristianos;
Por lo tanto yo no sé cuáles son las sanciones habituales o investigaciones,
y cuáles límites son observados.  Yo he vacilado mucho en la cuestión de si
debería haber alguna distinción de edades; si los débiles deberían tener el
mismo tratamiento que los más robustos; si aquellos que se retractan deberían
ser perdonados, o si un hombre que ha sido un cristiano debería no ganar nada
al cesar de serlo; si el nombre mismo, aún si es inocente de un crimen, debería
ser castigado, o solo los crímenes adscritos a ese nombre.  Mientras tanto, este
es el curso que yo he adoptado en el caso de aquellos que son traidos ante mí
como cristianos. Yo les pregunto si son cristianos. Si ellos lo admiten yo
repito la pregunta una segunda vez y una tercera vez, amenazando con
la pena capital; si ellos persisten yo los sentencio a muerte...
Todos los que nieguen que ellos fueron o que habían sido cristianos  yo considero
que deberían ser puestos en libertad, pues ellos invocaron a los dioses ante mi
dictado y reverenciaron, con incienso y vino, a tu imagen... 
y especialmente porque ellos maldijeron a Cristo, una cosa la cual, se dice, los
cristianos genuinos no pueden ser inducidos a hacerlo. Otros identificados por el
informante primero dijeron que ellos eran cristianos y luego lo negaron, declarando
que ellos lo habían sido pero que ya no lo eran más, algunos habiéndose retractado
tres años o más antes y uno o dos tanto como hace veinte años.  Todos adoraron tu
imagen y las estatuas de los dioses y maldijeron a Cristo. Pero ellos declararon que
la suma de su culpa o error ascendía solo a esto, que en un día designado ellos
acostumbraban reunirse antes del amanecer, y a recitar un himno antifonalmente a
Cristo, como a un dios, y a adherirse por un juramento, no para la comisión de algún
crimen sino para abstenerse del hurto, robo, adulterio y traición a la fe y a no negar un
depósito cuando era reclamado.  Después de la conclusión de esta ceremonia era su
costumbre irse y reunirse de nuevo para tomar alimentos; pero eran alimentos ordinarios
e inofensivos, y ellos habían cesado esta práctica después de mi edicto en el cual,
de acuerdo con tus órdenes, yo había prohibido las sociedades secretas.  Consideré que era
lo más necesario, por lo tanto, investigar qué verdad había en esto al aplicar tortura a dos
criadas, quienes eran llamadas diaconisas.  Pero no encontré nada sino una depravada y
extravagante superstición, y yo por lo tanto pospuse mi análisis y
recurrí a usted para consulta. (Cartas 10.96)

Ibid.: Respuesta de Trajano:

  El método que usted ha seguido, mi querido Plinio, al filtrar los
casos de aquellos denunciados a usted como cristianos es extremadamente
apropiado.  No es posible establecer ninguna regla general que pueda ser
aplicada como un estándar fijo en todos los casos de esta
naturaleza.  Ninguna búsqueda debería hacerse por estas personas; cuando ellos son
denunciados y hallados culpables ellos deben ser castigados; con la
restricción, sin embargo, que cuando la persona niega que sea
cristiana, y debe dar prueba de que no lo es, esto es al
adorar a nuestros dioses, él será indultado sobre la base de
arrepentimiento, aún cuando él pueda haber incurrido en sospecha anteriormente.
Las informaciones sin el nombre del acusador suscrito no deben ser
admitidas en evidencia contra nadie, puesto que está introduciendo un precedente
muy peligroso, y de ninguna manera agradable al espíritu de la época. (Cartas 10.97)


Apéndice III
Fuentes judías sobre Jesús

Flavio Josefo, Antigüedades:

  Él [Anás el Joven] convocó una sesión judicial del
Sanhedrín y trajo ante él al hermano de Jesús el
así-llamado Cristo – de nombre Santiago – y algunos otros,
a quienes él acusó de violar la ley y lo entregó para ser apedreado a muerte. (20.200)

  Ahora, existió cerca de este tiempo Jesús, un hombre sabio, si es
lícito llamarlo un hombre, pues él era un hacedor maravillosas obras,
un maestro de tales hombres que reciben la verdad con placer.  Él atraía
hacia él tanto muchos de los judíos como muchos de los gentiles. Él era el
Cristo. Y cuando Pilato, ante la sugerencia de los hombres principales entre
nosotros, lo había condenado a la cruz, aquellos que lo amaban al principio
no lo abandonaron, pues él se les apareció a ellos vivo nuevamente al tercer día,
como el profeta divino había predicho estas y 10,000 otras cosas maravillosas
con respecto a él. Y la tribu de cristianos, así llamados por él, no está extinta
hasta este día. (18.63-64 [griego])


Epítome de la Historia Universal de Agapio:

  En este tiempo había un hombre sabio que se llamaba Jesús. Y su
conducta era buena y él era conocido por ser virtuoso.  Y muchas
personas de entre los judíos y otras naciones se hicieron sus
discípulos.  Pilato lo condenó a ser crucificado y a morir. Y aquellos
que se habían convertido en sus discípulos no abandonaron su
discipulado.  Ellos informaron que él se les había aparecido a ellos tres
días después de su crucifixión y que él estaba vivo.  Por consiguiente él era quizás el
Mesías con respecto a quien los profetas han relatado maravillas. (Ibid. [árabe])

Talmud Babilónico:

  En la víspera de Pascua Yeshua fue colgado. Durante
cuarenta días antes de la ejecución un heraldo salía y gritaba, "Él será
lapidado porque él ha practicado hechicería y seducido a Israel
a la apostasía.  Cualquiera que pueda decir algo a su favor,
que venga adelante y abogue en su nombre."  Pero puesto que
nada fue presentado en su favor él fue colgado en la víspera de la
Pascua. (Sanhedrín 43ª)


 
Notas de Referencia



Reference Notes (for the Main Text):

1. David Hume, Concerning Human Understanding, section X.

2. Rudolf Bultmann, Jesus Christ and Mythology (New York: Scribners, 1958), p.15.

3. For further discussion of this point, see my papers "A Critical Examination of Modern Cosmological Theories" and "A Critique of Carl Sagan's TV Series and Book Cosmos," IBRI Research Report 15 (1982) and 19 (1984).

4. Robert Jastrow, Until The Sun Dies (New York: Norton, 1977, chaps. 1-4).

5. Adolf Harnack, What is Christianity? (New York: Harper and Row, 1957), p. 25.

6. Ibid., p. 24.

7. Josephus, Against Apion 1.8, I Maccabees 4:46, 9:27, 14:41.

8. Most of the material on these works comes from N.G.L. Hammond and H.H. Sculland, eds., The Oxford Classical Dictionary, 2nd ed. (Oxford: Clarendon Press, 1970); Henry Thurston Peck, ed., Harper's Dictionary of Classical Literature and Antiquities, 2nd ed. (New York: Cooper-Square, 1965), or the relevant editions of each work in the Loeb Classical Library.

9. Bruce M. Metzger, The Text of the New Testament, 2nd ed. (New York: Oxford, 1968), chap. II; for details on the papyri, see pp. 246-256.

10. Jose O'Callaghan, "Papiros neotestamentarios en la cueva 7 de Qumran?", Biblica, 53 (1972), pp. 91-100.

11. Bruce M. Metzger, Chapters in the History of New Testament Textual Criticism (Leiden: Brill, 1963), p. 145.

12. B.F. Westcott and F.J.A. Hort, eds., The New Testament in the Original Greek, 2 vols. (New York: Harper and Brothers, 1882), 2:2.

13. Ezra Abbot, The Authorship of the Fourth Gospel, with Other Critical Essays (Boston: Ellis, 1888).

14. Metzger, Chapters, pp. 148-150.

15. Frederic G. Kenyon, Our Bible and the Ancient Manuscripts (New York: Harper and Brothers, 1941), p. 23.

16. Recorded in Eusebius, Church History, 3.39.15-16.

17. Justin, Apology, 1.33, 66, 67; Dialogue with Trypho 100-104, 105, 106, 107.

18. Dialogue 103.7.

19. Dialogue 106.3.

20. Text in Henry Bettenson, ed., Documents of the Christian Church, 2nd ed. (London: Oxford, 1963), pp. 40-41; J. Stevenson, ed., A New Eusebius (London: SPCK, 1963), pp. 144-147.

21. Irenaeus, Against Heresies 3.1.2.

22. Clement, Outlines, cited in Eusebius, Church History 6.14.5; Origen, Commentary on Matthew 1, cited in Eusebius 6.25.3ff.

23. William K. Hobart, The Medical Language of St. Luke (Grand Rapids: Baker, 1954).

24. 1 Clement 47, 34.

25. R.N. Longenecker, "Ancient Amanuenses and the Pauline Epistles," in R.N. Longenecker and M.C. Tenney, eds., New Dimensions in New Testament Study (Grand Rapids: Zondervan, 1974).

26. Tertullian, On Baptism 17.

27. F.J. Foakes-Jackson, Josephus and the Jews (Grand Rapids: Baker, 1977), pp. xi, xv.

28. Oxford Classical Dictionary, p. 1034.

29. Ibid., p. 1021.

30. Ibid., p. 846.

31. Ibid., p. 849.

32. Ibid., pp. 508-509; Harper's Dictionary, p. 806.

33. Oxford, pp. 1142-1143.

34. Ibid., pp. 853-854.

35. A.N. Sherwin-White, Roman Society and Roman Law in the New Testament (Oxford: Clarendon Press, 1963), p. 187.

36. G. Henry Waterman, "The Sources of Paul's Teaching on the 2nd Coming of Christ in 1 and 2 Thessalonians," Journal of the Evangelical Theological Society 18 (1975), 105-113.

37. Suetonius, Lives of the Twelve Caesars, "Nero" 16.2; "Claudius" 25.4.

38. Tacitus, Annals 15.44.

39. Pliny the Younger, Letters 10.96.

40. The text of Mara may be found in F.F. Bruce, Jesus and Christian Origins Outside the New Testament (Grand Rapids: Eerdmans, 1974), p. 31.

41. Josephus, Antiquities 20.200; 18.63-64.

42. Shlomo Pines, An Arabic Version of the Testimonium Flavianum and its Implications (Jerusalem: Israel Academy of Science and Humanities, 1971), pp. 9-10.

43. Babylonian Talmud, Sanhedrin 43a; more cryptic passages are discussed in Bruce, Christian Origins, ch. IV; R.T. Herford, Christianity in Talmud and Midrash (Clifton, NJ: Reference Book Publishers, 1966): and Joseph Klausner, Jesus of Nazareth (New York: Macmillan, 1925).

44. Justin, Dialogue10.

45. Origen, Against Celsus 2.27, 49, 74.

46. Babylonian Talmud, Shab 116a.

47. Matt. 28:13; Dialogue 108.

48. Tosefta,Sanhedrin 9.7.
 

Anmerkungen für die Anhänge:

49. Suetonius, Cäsarenleben, "Nero" 16.2; "Claudius" 25.4.

50. Tacitus, Annalen 15.44, teils zitiert in F.F. Bruce, Ausserbiblische Zeugnisse über Jesus und das frühe Christentum (hrsg. v. Eberhard Güting, Basel: Brunnen-Verlag, 1991), S.12; teils übersetzt aus dem Englischen.

51. Maras Text findet sich in F.F. Bruce, loc.cit. S.20.

52. Plinius der Jüngere, Briefe 10.96.

53. Josephus, Altertümer 20.200; 18.63-64, zitiert in F.F. Bruce, Ausserbiblische Zeugnisse S.25-27.

54. Auszug aus der Weltgeschichte des Agapius: Shlomo Pines, An Arabic Version of the Testimonium Flavianum and its Implications (Jerusalem: Israel Academy of Science and Humanities, 1971, pp. 9-10 , übersetzt aus dem Englischen.

55.Babylonischer Talmud, Sanhedrin 43a, zitiert in F.F. Bruce, Ausserbiblische Zeugnisse S.46.
 

 

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Last updated: January 17, 2002